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Mitos, leyendas y buena comida "Monchadeho"

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... Cuenta la historia que existe un lugar donde todas las leyendas cobran vida.

Desde la Cegua, el tenebroso Chupacabras, y hasta la Tulevieja, noche tras noche, toman un espacio en la mesa para retar a los más valientes...

En Latinoamérica, las leyendas y los mitos son una parte muy importante de nuestro acervo cultural.

Aunque con diferentes nombres o pequeños giros en la historia, nuestras leyendas (que es algo así como un tipo de cuento corto que acontece en la Costa Rica de antes) siempre van entorno a los mismos personajes.

La leyenda que empecé a contar esta vez, no es un mito. El creador fue Alonso Rubí, un artista plástico costarricense que ha decidido darle vida a nuestros personajes en cada uno de los platillos de su restaurante llamado Monchadeho.

 

Monchadeho es una palabra inventada por él, resultado de la unión de “moncha” o “monchar” un coloquio tico para expresar comida o el verbo comer y “-deho”, parte del nombre de un personaje de la leyenda llamada El Cadehos.

Aunque hay varias versiones, la más conocida dice que el Cadehos era un perro tenebroso, de pelaje muy negro y enmarañado, con los ojos endiablados y hocico jadeante con comillos afiladísimos. Ese perro, salía por la noche y las madrugadas a asustar a los borrachos para hacerlos volver al buen camino de un susto. Se dice que el Cadehos no siempre fue un perro, si no, era el hijo de un padre alcohólico que decidió vestirse con un cuero felpudo viejo para asustar a su padre. Cuando el padre se dio cuenta que era una broma que el hijo le hizo para asustarle, muy enojado profirió una maldición al muchacho: “De cuatro patas andarás toda la vida”. La maldición se cumplió y aquel hijo se convirtió en un perro grande y negro, que la noche más oscura no lo es tanto con su negrura. 

 

Hay otra hamburguesa que tiene por nombre La Lllorona... la recuerdan? Aquella mujer indígena hermosísima que se enamoró de un español y su padre, indignado por esta unión imposible, tomó a su niño y lo arrojó por la catarata. Además la condenó a que como alma en pena, vague eternamente por las orillas de los ríos buscando a su hijo perdido, perseguida por los espíritus malignos.

 

Aunque las leyendas son un poco tenebrosas, el menú de Monchadeho no tanto. Cada uno de los platillos nos recuerda una de las leyendas o refranes y es así, como muchos vuelven del baúl de los recuerdos nuevamente a nuestros días. El menú es principalmente de hamburguesas de res o pollo, pero también tienen opciones veganas y vegetarianas. Además se pueden encontrar acompañamientos como ensaladas, papas o camote fritos y las famosas “doraditas”.

 

Monchadeho tiene su propia línea de gaseosas o mejor dicho “Menjurjes Gaseosos” con nombres como “La Niña lampiña” (de piña), “La Colareteada” (de kola) o “La Cuijenjibre” (ginger ale). Tranquilos... también tienen bebidas naturales para los que temen un poco a los menjurges :)

 

Además de retomar las leyendas centroamericanas, Monchadeho es un lugar chivísima porque todo en el restaurante gira alrededor de nuestros costarriqueñismos, muchas veces representadas en las obras plásticas de Alonso Rubí. Cada una de sus paredes fue pintada por él y su arte, haciendo de ambos restaurantes un pequeño museo de obras suyas, pinturas y tradición.

 

Las mesas incluso pintadas a mano, cuentan con las orlas y volutas de los diseños de nuestras carretas típicas. Los “güegües” de Nicaragua y los “diablitos” de las tradicionales Mascaradas de Costa Rica se encuentran compartiendo el mismo espacio con otras máscaras mexicanas. Es importante también recalcar que este espacio de buena comida y arte es también, espacio para artistas o músicos, incluso ticos, por lo que mientras comés también podés disfrutar de buena música.

 

El primer Monchadeho se sitúa en San Rafael de Oreamuno de Cartago, llamado por los oriundos “Churuca”. El segundo, aunque más pequeño que el primero, está ubicado en Curridabat, muy cerca de La Galera en San José. Ambos son opciones geniales para comer en un lugar único, muy chiva y además apto para todo tipo de presupuestos.

Si andás por Cartago, conociendo Orosí, Turrialba, Jardín Botánico Lankaster, La Basílica, o el Volcán Irazú, te recomiendo pasar a comer al Moncha de Churuca que está a unos 20 minutos del centro de Cartado. Por otro lado, si estás pasando una primer o última noche en San José, el de Curridabat te queda perfecto ya que está a unos 45 minutos del centro de San José.

 

Créditos: Gianca Ampié

Información adicional: El Monchadeho de Cartago cuenta con un parqueo contiguo al restaurante. El Monchadeho de San José, no cuenta con parqueo pero los vehículos pueden estacionarse al frente y siempre están visibles mientras comés tranquilamente.

 

En fin... si te atreviste a desafiar al “Chupacabras”, “La Pelona” o al “Pisuicas”, contame en este blog como te fue. Tal vez, la próxima vez podamos ir juntos :)

Pura vida!

Jueves, 21 Febrero 2019 00:00 Escrito por Judy
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